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ESTILO DE JUEGO E INFLUENCIAS
Entrevista con Mario Pesquera
“Lo importante al final es ganar, no cabe
la menor duda. Y creo que es más fácil ganar
jugando bien que jugando mal”
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Si tienes que definir tu estilo de juego, ¿cuáles son
los principios básicos?
Empezando por negar canastas
fáciles al rival, negar bandejas, no permitir apenas que
te hagan contraataques, que en definitiva es una forma
casi de negar bandejas pero no es exactamente lo mismo,
mandar en el tempo del partido, que sea el tuyo. Que los
jugadores en ataque jueguen lo más posible con su
talento pero dentro de una disciplina. Ser capaz de
llevar ese control táctico a partir del cual el jugador
sea capaz de decidir que tiene que dar un pase extra
para buscar
una buena selección de tiro pero no ser tan tonto de dar
ese pase extra porque hay que darlo para no tirársela a
la primera, porque creo que el primer tiro puede ser
igual de bueno que el que puede lograr tras el sexto
pase. En resumen, en ataque: jugar fácil y aprovechar el
talento pero con una disciplina. Y en defensa, muchos
cambios, que el rival tenga una lectura difícil de lo
que hacemos. No es verdad que yo sea un defensor de las
zonas. Me gustan las zonas pero porque me gustan las
defensas múltiples, que el rival no sepa lo que hacemos.
Lo que me gusta, y disfruto planteándolo, entrenándolo y
poniéndolo en práctica, es poner trampas: enseñar una
cosa y hacer otra, que parezca que estoy en hombre pero
esté en zona, que parezca que estoy en zona pero estoy
en hombre, que parezca que estoy en zona pero estoy en
mixta o en match up. Eso es lo que busco: no la zona en
sí como tal zona sino como parte de ese poner
trampillas.
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¿Son los mismos principios que cuando
empezaste o has ido evolucionando?
Pues siempre me ha gustado este tipo de baloncesto, pero he ido
evolucionando mucho. A mí me enseñaron mucho los entrenadores
estadounidenses, cuando tuve las primeras oportunidades de
viajar o de asistir a los primeros clinics aquí...
Te interrumpo: recuerdo que en esos primeros viajes de los que
hablas tú te ibas a ver partidos de NCAA cuando aquí lo que
embobaba a casi todos era la NBA...y sigo pensado que es un gran
baloncesto. Este año he disfrutado porque llegaron dos equipos a
la Final Four con dos entrenadores amigos, Roy Williams, el
ayudante de Larry Brown en los Juegos Olímpicos, al frente de
North Carolina, y Rick Pitino con Louisville.
Aquel fin de semana disfruté como un enano viendo los partidos.
Unos días antes, como anécdota, estuve hasta las tres de la
madrugada colgado en internet siguiendo el resultado de los
partidos ¡sin verlos! Cualquiera que me hubiera visto habría
pensado: ‘Este tío, haciendo esto a su edad, es tonto’. Pues
puede ser una forma de ser tonto, pero yo disfruté. Sin
imágenes, sólo siguiendo desde dónde anotaban, imaginándome el
partido, viví las prórrogas enteras que forzó Kentucky. ¿Y qué
me aporta esto? Pues me aporta.
O sea, que tus fuentes son más bien
estadounidenses...
Yo he aprendido de ellos una barbaridad, les tengo muchísimo
respeto. Creo que hay cosas en las que somos más listos que
ellos, lo digo con sinceridad, más pícaros, más rápidos...
También hay allí malos entrenadores, pero hay otros realmente
extraordinarios, de los que puedes aprenderlo todo. Volviendo al
origen de la pregunta, desde que empecé hasta ahora he ido
cambiando, por supuesto. Ver a Dean Smith trabajar en directo
como tuve la suerte de hacer durante veinte días, pues fue un
libro; lo mismo con Bobby Knight, con Gary Williams, Roy
Williams... Para mí aquello fue muy importante. Traté de
quedarme con algo de cada uno, evidentemente siempre de acuerdo
a tu personalidad.
Yo no he hecho el baloncesto de ninguno de ellos sino un poco de
cada uno.
Aquel viaje, a principios de los años
80, ¿te marcó más que otra cosa?
Me marcó, sí, pero de quien más he aprendido ha sido de mí
mismo. Que no se tome como pedantería, porque no lo es. Pero
cuando ya cierras un poco el círculo después de muchos años pero
sabes por ejemplo cómo defender una zona, o cómo atacarla, mejor
o peor pero ya lo sabes, después se aprende mucho de las
derrotas propias. Yo he ganado pero también me ha tocado perder
mucho, y creo sinceramente que he crecido más como entrenador en
la derrota que en la victoria, y más cuando no era una derrota
sino varias. Llegabas a casa con el rabo entre las piernas, te
ponías a estudiar el video del partido para ver qué habíamos
hecho mal, ponerte a pensar en el entrenamiento, porqué aquella
jugada en la que tenía que quedarse uno solo no se ha quedado
solo sino con uno encima... Es en estas situaciones cuando más
he aprendido. He tirado millones de papeles a la papelera, sin
exagerar, millones, he visto miles de horas de video. Y eso, una
vez tienes los fundamentos, es lo que verdaderamente te ayuda a
crecer como entrenador. Cuando después de haber aprendido de los
demás, de haberles copiado, porque he copiado mucho también,
después de todo eso, cuando acabas de dar el paso es cuando tú
llegas a la conclusión de “voy a hacerme mi propio ejercicio,
hay un ejercicio precioso que aprendí hace años no sé dónde,
pero ahora voy a hacer el mío, voy a ver qué quiero hacer, a
dónde quiero legar, y a partir de ahí voy a hacer lo "mío”.
Interpreto que la NBA no la sigues
mucho como verdadera referencia profesional.
No soy un seguidor tremendo pero la sigo, y cada día más. Me
interesó muy poco hasta hace cinco o seis años, muy poco, pero
me interesa bastante más desde hace dos años o tres. Creo que
está mejorando. Sobre todo en los dos últimos años la sigo más,
incluso tomando alguna nota, que es algo que años atrás no hacía
nunca. Creo que han mejorado muchos los entrenadores, mucho los
equipos, y ahora sí podemos aprender casi más que de la NCAA.
Hay mucho juego directo de dos contra dos, mucho juego directo
de tres contra tres, mucho juego en el que el talento del
jugador tiene que leer la defensa, cada vez juegan más como en
Europa, lo que ya hacían antes ahora lo hacen dentro de sistemas
más generales, juegan con más disciplina...Creo que el
entrenador manda más que antes sobre el jugador. Aunque también
hay grandes estrellas, hay entrenadores que agarran tácticamente
a sus equipos más que antes.
¿Eso puede tener algo que ver con que
el nivel general del jugador de NBA ha descendido?
Puede ser. No sabes nunca qué es primero, si el huevo o la
gallina, pero puede ser una buena reflexión. A lo mejor al no
tener los jugadores en general el enorme talento de muchos
jugadores de años atrás, que posiblemente fueron de los mejores
de la historia, que resolvían individualmente de forma tan fácil
y efectiva que no hacía falta mucho más... Ahora eso ha
cambiado, pero también creo que los entrenadores de la NBA,
quizás al incorporar a muchos jugadores europeos, se han dado
cuenta de que algo más había que hacer, que no se podía crear
jugadores que al final fueran máquinas, que hacía falta algo más
táctico. Creo que fue John Wooden, siendo ya muy mayor, quien
dijo que no se podía mejorar a base sólo de uno contra uno y
mates. Llegó un momento en que cualquier chaval americano lo que
quería hacer era uno contra uno y mates, mates, mates... Así no
se puede leer el baloncesto, el baloncesto hay que leerlo en
función de la defensa, y de defensa de equipo, no de uno contra
uno. Es lo que estaban acostumbrados sus jugadores: uno contra
uno o máximo dos contra dos, y con eso ya les valía. Ahora creo
que han dado ese paso adelante. No que ya no se hagan dos contra
dos, que también se hacen, sino que se ha mejorado tácticamente.
La mayor evolución de la NBA en estos años es el acercamiento
táctico a como se juega en Europa, además con sistemas de juego
que no son tan cortos como los que jugaban antes sino
movimientos más largos, más elaborados. Y eso me interesa más.
Reconozco que durante muchos años veía las finales simplemente
por verlas, pero ahora no hay semana que no vea uno o dos
partidos, y con interés, tomando notas.
Al margen de estadounidenses, ¿has
absorbido cosas de los técnicos yugoslavos, por ejemplo?
Sí, también, de muchos, son una escuela muy buena. Empecé
aprendiendo de Asa Nikolic, que si no es el más grande
entrenador de la historia de baloncesto, poco le falta. Tuve la
oportunidad de coincidir varias veces con él. Una, la recuerdo,
en León, de la que guardo aún una hoja manuscrita por él en la
que viendo un partido España-URSS me explicó, en una hora
escasa, la defensa de match up, hombre-zona, que él hacía. En
unos cuantos diagramas me resumió lo que yo en un libro
americano había leído posiblemente en trescientas páginas.
También aprendí mucho de Mirko Novosel, con quien incluso
participé en una concentración en Castelldefels.
Novosel es otro gran entrenador, con unos enormes conocimientos
tácticos del juego, creo que tenía un record de 13-0 contra la
Unión Soviética. Y después, también de los que han estado en
España. Zeljko Obradovic, Dusko Ivanovic, también me gusta mucho
Ivkovic.
¿Y españoles?
También, claro. Sobre todo de los que podríamos denominar de la
vieja guardia: Manel Comas, Aíto. Pero también actualmente me
fijo en otros, aunque sinceramente pienso que en los últimos
años se ha perdido un poco de riqueza táctica. Parece que ahora
se le vuelve a dar más importancia. Hay entrenadores españoles
buenísimos, desde todos los que han sido seleccionadores antes
hasta hombres como José Antonio Figueroa, Gustavo Aranzana. De
todos he aprendido porque han demostrado ser capaces de dirigir
a equipos de diferentes niveles, equipos regulares, buenos,
malos, y hacer lo que siempre debe hacer un buen entrenador:
sacar un buen rendimiento a la larga, superando temporadas en
las que han pasado por momentos buenos y malos y han sido
capaces de resurgir.
¿Cuál es la base del éxito: jugar bien
o ganar?
Lo importante al final es ganar, no cabe la menor duda. Y creo
que es más fácil ganar jugando bien que jugando mal. Pero al
nivel que más estamos hablando, profesional, lo más importante
es ganar. Y quien diga lo contrario no sólo miente sino que se
contradice con la evidencia de los hechos de nuestra profesión.
Si no ganas, ya puedes vender que has jugado bien, que de todos
modos tienes que ir preparándote para hacer las maletas. Hay una
especie de chiste o anécdota muy
buena, que no es mía pero que lo puedo explicar. Es un pueblo en
el que hay dos personas con el mismo nombre.
Uno es sacerdote; otro taxista, y además polémico, de enfadarse
con casi todos, de gritar, de provocar accidentes. Mueren ambos,
y al morir los dos ven a San Pedro. Al taxista le da una túnica
de oro y todo tipo de riquezas y tesoros, y al sacerdote una
capa de lino. Cuando pasan unos días, el sacerdote va a hablar
con San Pedro y le pregunta el porqué de esas diferencias. Y San
Pedro le dice que en los últimos veinticinco años la gente había
dejado de ir a rezar a su iglesia, y que en cambio cuando el
taxista salía a la calle la gente del pueblo se ponía a rezar
para que no hiciera una gorda. Y como quiera que para la Iglesia
lo importante son los resultados, o sea, que la gente rece, pues
al taxista le correspondía más premio. En fin, es una anécdota,
pero que sirve para explicar que para nosotros los entrenadores
lo que cuenta también es el resultado. Es decir: ganar. Si
ganas, estás en la línea; si no... Al fin y al cabo, el jugar
bien también es algo subjetivo. Y lo que todo el mundo quiere es
ganar. Los partidos de solteros contra casados casi siempre
acaban mal, porque todos los que juegan lo que quieren es ganar.
¿Qué rasgo de tu carácter crees que
más se advierte en tus equipos?
Espero y quiero que se note un poco de todo lo que hemos hablado
hasta ahora. Es la clave. Cuando un entrenador tiene
personalidad y un estilo de juego definido se ve enseguida: este
equipo es de Aíto, es de Manel, es de Obradovic, es de Maljkovic,
es de quien sea. Se ve. Ves algo en la pista que reconoces. Hay
equipos que juegan más blandos pero juegan un baloncesto
fenomenal, rebotean fuerte, son más duros en tal o cuál cosa...
A mí desde luego me gusta que mis equipos sean defensivamente
importantes, porque sigo creyendo que lo importante se gana
desde la defensa, y que se note que es un equipo que está
dirigido. Los equipos que empiezan la temporada jugando bien y
la acaban jugando mal me dan más miedo que los que tienen una
evolución inversa, en los que se ve que hay una mano, una
creatividad, que aumenta el rendimiento. Por ejemplo el Unicaja
de Scariolo. A unos les gustará más, a otros menos, pero es un
equipo que al margen de circunstancias como las lesiones va
creciendo, cada semana es más compacto, tiene más riqueza
táctica y soluciones. Esto es lo que me gusta aportar a mis
equipos: que cada día sean un poco más equipo. Esto, dicho sea
entre paréntesis, es muy complicado conseguirlo en apenas un mes
y medio. Muchísimo más complicado. Tienes que intentar
aprovechar el tiempo al límite porque cada hora que pierdes es
un puñal que te clavas. En la Selección tienes que haber
analizado cómo juegan los jugadores en sus clubs, qué es lo que
te vale para lo que tú quieres hacer. Hay que optimizar cada
minuto. |
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